Es innegable que los medios de comunicación, más allá del mayor o menor poder que se les atribuye, han producido una revolución en el espectador. Y es que su presencia se prolonga en los distintos espacios de la vida social cotidiana, ya que es en el cuerpo, en el rostro, en la manerade hablar, en lo que cantan, en lo que comen, en los patrones de belleza y de éxito donde la cultura de masas se muestra presente a cada instante sobre todo en nuestros jóvenes.
Los medios acompañan los procesos de sociabilización, ofrecen referentes de conocimiento muy importantes, imágenes del mundo exterior y de personajes que constituyen parámetros de interpelación, modelos étnicos y sociales de éxito y fracaso, que interactúan con los que vienen de su familia, el barrio o el entorno social inmediato.
Muchos expertos opinan que la infancia, como se conoce, se encuentra moribunda o está en trance de desaparecer, y que los medios son los principales responsables de este cambio. Por otra parte, no faltan quienes opinan que los medios son en la actualidad una fuerza de liberación para los niños y jóvenes: los medios están creando una nueva que se muestra más abierta, más democrática y más consciente desde el punto de vista social que la generación de sus padres.
Sostienen que la concepción moderna de la infancia fue una creación de los medios impresos; ahora bien, los nuevos medios, en particular la televisión, están destruyéndola. Esto tiene que ver en primer lugar con el acceso de los niños a la información. Mientras el proceso de alfabetización a través de la lectura y la escritura exigía un largo aprendizaje, ahora no es necesario aprender a leer o interpretar la televisión. A través de ella, los niños acceden cada vez más al conocimiento de los de la vida adulta –sexo, drogas, violencia- que anteriormente les habrían resultado inaccesibles en virtud del código especializado de la imprenta. En consecuencia, los niños se comportan cada vez más como adultos, y exigen compartir los privilegios de los adultos.
En cuanto a Internet, los niños se pueden comunicar mucho más fácilmente entre sí y con los adultos, sin tener que identificarse personalmente como niños. Y, como es lógico, la privacidad y el anonimato que ofrece Internet, facilitan especialmente la difusión y la venta de material no apto para su edad. Esta situación ha tenido ya algunas consecuencias, cada vez son más las voces que claman por una regulación y un control más estricto de los medios.
El reto es que debe replantearse el papel de la escuela ante el entorno social y comunicativo y reconocer abiertamente que ese entorno forma parte esencial de su quehacer profesional en cuanto a que brinda saberes que son asimilados por los educandos. Se deberá por tanto, aprovechar y utilizar cada vez más en la escuela, las nuevas tecnologías de comunicación como la radio, la televisión, el Internet y multimedia ya disponibles de manera innovadora y evitar hacer un uso meramente tradicional de estos instrumentos.